lunes, 23 de abril de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
LA NOCHE...
Nada salía
Nada ocurría
Nada era
Nada solía
Todo en la oscura y tranquila noche; en la silenciosa y brillosa luna que adornaba
su luz con mágicos sonidos.
Los grillos cantaban y las chicharras respondían; las ranas
sonaban aun más fuerte para tapar a los insectos.
Lo perros en los barrios aledaños peleaban para defender a su
amo y su territorio, todo parecía suceder en la silenciosa noche.
Algunos gallos perdidos cantaban a deshoras. Y las maldecidas
obras del hombre cubrían la naturaleza con sus momentos pincelados de buenas
vibraciones.
En esas noches sucedía todo en el pueblo, autos perdidos,
riñas de perros y adolescentes jolgoriosos gritando. Menos a mi… A
mi no me sacudía nada.
Nadie me zarandeaba el corazón.
No era adolescente y mi auto no se perdía en los suburbios.
Mi corazón se iba enfriando.
Yo no era no de aquí ni de allá, y es por eso que no podía
plantar mi bandera firme en algún sitio.
Mi corazón se hielaba, ya no sentía nada y las desilusiones
constantes no querían padecer más en mí.
Mi cuerpo quería desconocer las lágrimas y desconectarse del
fracaso.
Nada estaba en mis manos pero todo hacia suponer que las
cosas mejorarían a largo plazo.
Me merecía mucha felicidad, de esa que brota por los poros y
manifiesta tu visible aura. Pero nada por el circunstancial momento sucedía.
No hablaba mucho, porque sabía poco. No contaba nada porque
no pasaba nada en mí.
Mi felicidad y corazón estaban tiesos, esperando despertar
para bambolearme el alma. Requería de vida, risa y tranquilidad. La noche regalaba frio a pesar del verano
como también serenidad y un cielo que de
no poder verlo seria envidiable.
Era luminoso y colmado de estrellas yacía taciturno e
inhóspito en las alturas. La solitaria noche me enseñaba valores y respeto.
Este cielo no era solo un profundo y negro fondo tapizado de
estrellas. Era una maravilla, casi igual que la lluvia.
ANSIOSA
Versos relajados de ti.
Versos olvidados en la inmensidad del
infinito vivir.
Puedo escribirte versos dorados en
esta mañana extraña, bordada con hilos de tristeza
Puedo escribirte la poesía más melosa
y que no te enteres.
Puedo regalarte dulces en palabras.
Puedo leerte los poemas más
románticos del mundo.
Pero no puedo tenerte y lo de más se
desvanece como el frio helado de tu corazón invernal.
Corazón al que podría darle todo de
mi vocablo y aun así no lo sentirías, no caería una lágrima de derretimiento.
Corazón obsoleto.
Corazón en desuso, ábrete para así
nutrirte.
Presagios naturales y místicos piden
abordarte, quieren volverte paupérrimo de ideas, para que solo fluya tu ser
puro.
Plumereando el polvillo de tu
intoxicación es que te sentirás libre, virgen y limpio.
Innata sos.
Estas.
Vigente serás.
Marcaste un principio que no parara
de descubrirse jamás.
Presagio fácil a mi personalidad
vulnerable de maldad.
Calificaste mi ser.
Lo titulaste.
Le diste deformidad en mi ya amorfa
vida.
Otra noche embebida en acción.
Acción agresiva de maniaco árbol
moviendo sus hojas en agitada tormenta de verano.
Ráfagas suculentas e inhibitorias.
Así era la noche, movida de violencia
y gritos suburbiales.
Tarde tímida de sol vergonzoso que te
cubre en las brillosas aguas.
Altos arboles serenos pero despiertos
de accionar.
Ráfagas esporádicas.
Mirábamos cómplices la aventura que
no fue.
Miraba tratando de dibujarlo, pero la
risa me abordaba, los nervios soltaban sonrojos.
Caras y más caras me rodean en la
ardida tarde.
Muchas voces y barullo avecinan mi
cabeza.
Tormenta que asomaba poblada de
miedo.
Temor ansioso de asustar.
Iluso de destruir.
Manzano inmaduro que no te dejas
morir.
Profetizaste mis cantares.
Le diste vida a mis palabras ahora
inimaginablemente bellas.
Descanso, duermo, cierro los ojos y
pienso.
Y cumulo de lagrimas llegan.
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